miércoles, 19 de octubre de 2011

49/52 RAZONES POR LA CUALES SUFRIÓ Y MURIÓ JESUCRISTO

Cuadragésima novena razón
PARA  RESCATARNOS DEL
JUICIO FINAL

“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”.
Hebreos 9:27-28

Entramos ya en la cuatrigésima séptima razón por lo cual nuestro Señor Jesucristo fue a la Cruz del Calvario. Esta razón llena de esperanza a todo aquel que ha depositado su fe en Él a la vez que ratifica la esperanza de su Segunda Venida en Gloria para salvar a los que les esperan salvándolos de juicio final inminente que le espera a los que le han rechazado y menospreciado según nos muestra Apocalipsis 20:11-15.
           
El pastor Piper en su devocional nos declara al respecto: «El concepto cristiano de la salvación abarca pasado, presente y futuro. La Biblia dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Ef. 2:8). Dice que el evangelio es el poder de Dios para nosotros que hemos sido salvos (1 Co. 1:18). Y dice: “Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos” (Ro. 13:11). Hemos sido salvos. Estamos siendo salvados. Seremos salvos.

En cada etapa somos salvos por la muerte de Cristo. En el pasado, Cristo mismo pagó una vez por todas por nuestros pecados. Fuimos justificados por fe solamente. En el presente, la muerte de Cristo asegura el poder del Espíritu de Dios para salvaros progresivamente del dominio y la contaminación del pecado. Y en el futuro, será la sangre de Cristo, derramada en la cruz, la que nos proteja de la ira de Dios y nos brinde protección y gozo.»[[1]]

Durante este estudio estaremos viendo la manera en que Dios mismo ha preparado todo para que sus hijos, los que han nacido de nuevo, los que han recibido su Gran Regalo de Amor y lo han aceptado en su corazón, tengan la esperanza de la vida eterna y vivan en esta tierra glorificando su nombre hasta que llegue ese día glorioso.

Veamos esta razón bajo el bosquejo que sigue a continuación:         
I.     UN SOLO JUICIO VENIDERO
II.   UNA SOLA OFRENDA
III.  LA SALVACIÓN DE LOS QUE LE ESPERAN

I. UN SOLO JUICIO VENIDERO
(He. 9:27)

 

A.      UN SOLO JUICIO PARA LOS ADVERSARIOS


1.         El autor de la epístola a los Hebreos hace una analogía entre el juicio que será ejecutado al hombre después de la muerte para decir que de igual manera como habrá un solo juicio ha habido un solo sacrificio capaz de llevar los pecados de los que han creído.

2.         Esta declaración se hace evidente en (He. 9:27-28) cuando dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”.

3.         Todos los que conocemos a Dios sabemos que Su ira está sobre los que han rechazado su Gracia y su Amor. Para los que han rechazado el regalo más hermoso que hombre alguno pueda apreciar, la entrega de su Hijo Jesús.

4.         El pastor Piper declara al respecto: «Hay un juicio real que viene. La Biblia describe “sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” (He.10:27). Esto nos llama a vivir “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor” (He. 12:28-29).»[[2]]
 

B.      UN SOLO JUICIO PARA CALMAR SU IRA


1.         El pasaje que estudiamos ahora nos lleva a entender el por qué del juicio de Dios en contra de sus adversarios. En el primer estudio de esta serie vimos que Cristo Jesús sufrió y murió para calmar la Ira de Dios su Padre, vimos como Él fue la propiciación por nuestros pecados y no solamente por los nuestros sino también por los de todo el mundo (1 Jn. 2:2).

2.         El pastor Piper agrega ahora: «Jesús advirtió al pueblo de su tiempo que huyeran de la ira venidera (Mt. 3:7). Porque Jesús mismo se manifestará “y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder,” (2 Tes. 1:7-9).

3.         Algunos cuadros de esta ira final de Dios son casi demasiado terribles para considerarlos. Irónicamente, es Juan, el “apóstol del amor”, quien nos da la más grafica visión del infierno. El que rechaza a Cristo y da su adhesión a otro “él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre” (Ap. 14:10-11)[[3]]

 

C.      UN JUICIO QUE PUEDE SER EVITADO


1.         La Palabra una y otra vez nos habla del amor de Dios, pero también en múltiples ocasiones nos advierte de la manera que Él tratará a aquellos que inminentemente tendrán que sufrir la tragedia del juicio final. Dios en su Gracia nos advierte que esto no es un juego, que debemos temer a ese juicio venidero el cual solamente hay una forma de evitarlo.

2.         El pastor Piper apunta al respecto: «Hasta que sintamos alguna medida de temor acerca de la ira futura de Dios, probablemente no captaremos la dulzura con la cual la iglesia primitiva interpretó la tarea redentora de Cristo en el futuro. “y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Tes. 1:10). Jesucristo, y Él solamente, puede salvarnos de la ira venidera. Sin Él, seríamos barridos para siempre[[4]]

3.         Es muy lastimoso ver la indiferencia con que los hombres incrédulos menosprecian su amorosa advertencia con respecto a lo que ha de venir. Prefieren ir a donde agoreros y adivinos para conocer todo lo contrario de lo que dice Dios, que venir de forma humilde ante Él y aceptar su oferta de amor de forma que puedan evitar su juicio inminente.

 

III. UNA SOLA OFRENDA
(He. 9:28)
           

A.      LA EFECTIVIDAD DE ESA OFRENDA


1.         En todo tiempo el pueblo de Dios estuvo sujeto al sistema ceremonial y su costumbre de ofrecer sacrificios por sus pecados era algo que no podía ser discutido. Ahora vemos en la Palabra lo que nos dice el autor de la epístola a los hebreos cuando dice: “…así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”.

2.         Dos consideraciones observamos aquí:
·         Una apunta a la efectividad de la ofrenda de Cristo ante la necesidad que tiene el hombre de obtener el perdón de sus pecados
·         La otra apunta hacia su segunda venida, sin relación con el pecado y con el objeto de salvar a los que han sido perdonados.

3.         Mientras los hombres necesitaban esperar una vez al año, para recibir el perdón de sus pecados al momento en que  entregaban los animales del sacrificio a través de un sumo sacerdote, Dios ofrece a su Hijo Jesucristo una sola vez y para siempre para llevar el pecado de ellos. ¡Esto si es efectividad! El valor de la Sangre de Cristo deja sin efecto el sistema de sacrificios antiguotestamentario.

B.      LOS PECADOS DE MUCHOS

1.         El pecado es la maldición del hombre. El pecado es lo que nos convierte en reos de juicio, es lo que lleva nuestras almas a la condenación. Es lo que nos aparta de Dios, es lo que le impide al hombre tener comunión con su creador y más aún lo que lo lleva al infierno eterno sino acepta a Jesucristo como Señor y Salvador.

2.         Los pecados de esos muchos (los salvos) son los que llevaron a Dios a ofrecer en sacrificio a su Hijo Jesucristo en la Cruz del Calvario. Por eso podemos decir que Él sufrió y murió para librarnos, por ese sacrificio, del juicio final que será una realidad para los que se han negado a aceptar ese regalo de Dios. El Cordero que quita el pecado del mundo.

3.         Por esta causa dice el texto: “…para llevar los pecados de muchos. El pastor Piper concluye diciendo: «Pero cuando Él nos salve al final, será sobre la base de su sangre. “así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:28).»[[5]]

C.      LA SOLUCIÓN DEL PECADO

1.         La ofenda que Dios hizo es, no sólo una ofrenda perfecta, sino que es una única y final ofrenda que Él va a aceptar para cubrir el pecado del hombre. Es bueno recordar lo que Dios declaró desde el principio acerca del perdón cuando expresó a través de Moisés en Levítico 17:11 cuando dijo: “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona”.   

2.         El autor a los hebreos hace una analogía entre el poder de la sangre derramada sobre el altar para expiación de los pecados de los hombres en el Antiguo Testamento, con la sangre de Cristo la cual fue derramada con el propósito final de ser el último y más eficaz de los sacrificios para remisión de los pecados de muchos diciendo: “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” Hebreos 9:22.

3.         Esta idea puede ser concluida con las palabras finales del pastor Piper cuando dice en su devocional: «El problema pecado quedó resuelto de una vez por todas. No es necesario ningún nuevo sacrificio. Nuestro escudo de la ira futura es tan seguro como el sufrimiento de Cristo en nuestro lugar. Por amor a la cruz, entonces, regocíjate en la futura gracia.»[[6]]
  
III. LA SALVACIÓN DE LOS QUE LE ESPERAN
(He. 9:28)

A.      LA GRACIA FUTURA

1.         El texto ahora declara: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”.

2.         Aquí se habla no sólo de la Gracia de Dios que en Cristo encontramos para por medio de su sangre obtener el perdón de nuestros pecados sino de la futura Gracia venidera cuando Cristo aparecerá por segunda vez, sin tener su aparición ninguna relación con el pecado para salvarnos de la Ira venidera.

3.         Esa futura Gracia de Dios que será manifestada nos garantiza las bendiciones celestiales que recibiremos en el día de su venida.
§        En 1 Tesalonicenses 2:19-20 nos dice: Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida?  Vosotros sois nuestra gloria y gozo.
§       En 1 Tesalonicenses 3:11-13 se nos dice: “Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo, dirija nuestro camino a vosotros. Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos”.
§      En 1 Tesalonicenses 4:13-18 “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

B.      GRACIA SIN RELACIÓN CON EL PECADO

1.         Esta Gracia que recibiremos no tiene ninguna relación con el pecado. Es maravilloso ver que en ese día no se hablará ni del pecado, ni de sus consecuencias, ni de su tragedia. En ese día sólo se hablará de bendición, de salvación, de victoria y de la Santidad de Jehová.

2.         En su primera venida Él vino a hablarnos del pecado, de sus consecuencias, de su juicio, de su pago y de lo significaba para Dios. Fue cuando vino que Él llamó al arrepentimiento y declaró la necesidad que tiene el hombre de apartarse del pecado y venir a Santidad, de nacer de nuevo y ser transformado.

3.         Ahora, cuando pensamos en el futuro, en las cosas que habrán de venir, en los acontecimientos maravillosos de los cuales seremos testigos en el día de su venida en Gloria, nuestros corazones se hinchan de gozo y esperanza llevándonos a glorificarle a Él por los siglos de los siglos. 

C.      GRACIA PARA SALVAR A LOS QUE LE ESPERAN

1.         Al final del texto se nos declara: para salvar a los que le esperan”. Que maravillosa recompensa le espera a aquellos que esperan en el Señor. Esto nos recuerda lo que nos dice el autor de la epístola a los Hebreos en (10:24-25) cuando expresa: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.

2.         Podemos preguntarnos ¿Quiénes esperan al Señor? ¿Quiénes serán salvos en aquel día? Ciertamente que nuestra conducta terrenal evidencia nuestra convicción interior, porque una cosa nos lleva a la otra. Aquí citamos algunos versos de aquellos que nos enseñan la actitud de los que esperan la salvación de Dios:
§  “Desfallece mi alma por tu salvación, mas espero en tu palabra” (Sal. 119:81).
§  “Tu salvación he esperado, oh Jehová, y tus mandamientos he puesto por obra” (Sal. 119:166).
§  “Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová” (Lm. 3:26).
§  “Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá” (Mi. 7:7).
§  “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Fil. 3:20).
§  “y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Ts. 1:10).

3.         No entiendo cómo algunos dicen que tienen convicción de que Cristo viene pronto y viene para salvar a los que le esperan sino expresan por sus actos que esperan a Cristo.
El que espera a Cristo:
·         Es fiel en la oración y la lectura de la Palabra.
·         Predica a tiempo y a fuera de tiempo.
·         Se mantiene en Santidad.
·         Se congrega sin fallar.
·         Cumple con su rol como cristiano en su hogar, en su trabajo, en la iglesia y en el lugar a donde vive.
·         Es luz para los que están en tinieblas.
·         Es sal de la tierra, etc., etc.

CONCLUSIÓN Y APLICACIÓN:
Cuando vemos enseñanzas así, no tenemos más que entender y aceptar que Dios no tiene términos medios, que su hablar es veraz y que sus promesas son reales. Nada de lo que Él ha decretado caerá por tierra. Nada de lo que Él ha dicho se frustrará antes de que todo lo que Él ha dicho sea cumplido.

Sepamos que Él viene a Salvar a los que le esperan…


[1]La pasión de Jesucristo, John Piper - Página 112.
[2]La pasión de Jesucristo, John Piper - Página 112.
[3]La pasión de Jesucristo, John Piper - Página 113.
[4]La pasión de Jesucristo, John Piper - Página 112-113.
[5]La pasión de Jesucristo, John Piper - Página 113.
[6]La pasión de Jesucristo, John Piper - Página 113


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